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En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que viva un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocn flaco y galgo corredor. Una olla de algo ms vaca que carnero, salpicn las ms noches, duelos y quebrantos los sbados, lantejas los viernes, algn palomino de aadidura los domingos, consuman las tres partes de su hacienda. El resto della concluan sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los das de entresemana se honraba con su vellor de lo ms fino. Tena en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que as ensillaba el rocn como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta aos; era de complexin recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tena el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque, por conjeturas verosmiles, se deja entender que se llamaba Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narracin dl no se salga un punto de la verdad.

Voltaire en avait envoy le manuscrit la duchesse de La Vallire, qui lui fit rpondre qu'il aurait pu se passer d'y mettre tant d'indcences, et qu'un crivain tel que lui n'avait pas besoin d'avoir recours cette ressource pour se procurer des lecteurs.